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trabis y mercedes

Un trabi flotante en el lago Balatón, Hungría.

Un trabi flotante en el lago Balatón, Hungría.

Los trabis y los mercedes fueron durante años primos hermanos en el lago Balatón, en Hungría. Aquí estuvieron viniendo a veranear los alemanes del Este, durante la guerra fría, con sus pasaportes del Pacto de Varsovia y sus sueños de libertad. Los del Oeste, entretanto, acampaban  con sus bochazos y vivían como reyes por cuatro perras. Porque veranear en el Este era barato. Durante décadas, familias alemanas de uno y otro lago confraternizaron a orillas del Balatón.

Los del Este se quedaban de piedra cuando se asomaban al frigo de los camping-car de las familias de Alemania Occidental, con sus yogures de diez sabores diferentes y sus frutas exóticas: plátanos y naranjas, sobre todo, que en la RDA solamente podías comprar con dólares o marcos del Oeste. Sigue leyendo

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si el muro de berlín cayera esta noche

1. potsdamer platz

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2. bernauer strasse

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Me gusta decir que si el Muro de Berlín cayera esta noche, nosotros ya estaríamos allí. Yo era entonces la cara de Televisión Española en Alemania, en Bonn, pero habíamos desplegado un operativo en los dos berlines y por eso fuímos los primeros en llegar, incluso antes que los alemanes. He recuperado una de las ‘entradillas’ del 10 de noviembre de 1989, pocas horas después de que cayera el Muro. Con la ‘empanada’ de muchas horas sin dormir y la emoción de haber vivido la noche más hermosa de nuestras vidas, le pregunta al cámara (en alemán) si ve el muro (jo-sé-ma-ría, bitte!); luego insisto en si está viendo cómo pasa la gente (doing!); y por fin, si no está muy cerca la cámara (el gran angular me saca ‘monstruo’, con esas gafas ridículas, entonces de moda). En fin, en otro momento de la entradilla tenemos que volver a empezar porque estoy hablando en diagonal, mirando al micro. Cuando los corresponsales de televisión hacemos crónicas para el telediario, nuestro ‘speech’ no suele salirnos a la primera: hay que repetir (y repetir) y muchas veces grabamos auténticas burradas, que evidentemente nunca salen al aire. Es de libro, y forma parte del repertorio de anécdotas que cuentas en los másters de periodismo, el caso del colega que no consiguió mandar su crónica a tiempo en una cumbre europea, porque ni a tiros le salía la dichosa entradilla. Pero vamos a ver qué decíamos ayer: no hace falta señalar la emoción del momento: son las 10 y 12 minutos de la mañana y Berlín-Este se está quedando vacío: cientos de miles de alemanes del otros lado pisan por primer vez Berlín-Oeste en busca de su primer ‘picnic’ en libertad. (secuencia completa, aquí.)

aufwiedersehen, tempelhof

El aeropuerto Berlin-Tempelhof acaba de cerrar sus pistas. Era el más viejo del mundo y su situación en medio de la ciudad había permitido uno de los más famosos ‘puentes aéreos’ de la historia cuando los soviéticos bloquearon Berlín Oeste en 1948, 13 años antes de la construcción del Muro. En los acuerdos de Yalta, que sellaron la división de Alemania y de Berlín en cuatro zonas bajo control militar de Estados Unidos, la URSS, Gran Bretaña y Francia, Tempelhof cayó bajo administración norteamericana.  En el vídeo vemos aproximarse a Tempelhof con su carga humanitaria los Douglas C-54 Skymaster y los C-47 Skytrain, conocidos por los berlineses como ‘Rosinenbomber’: ‘candy bomber’ o ‘bombonderos’, podríamos traducir. El majestuoso edificio de la terminal fue construído para sugerir el vuelo de un águila, con hangares semicirculares formando las alas. El último avión comercial despegó del aeropuerto berlinés el pasado 30 de octubre, cerrando más de 85 años de historia. Mi amigo y compañero Ramiro Villapadierna, corresponsal de ‘ABC’ en Berlín, me ha recordado el cierre y, mira, he sentido una especie de gusanillo. Este vídeo (que esconde más vídeos, como las matroschkas rusas) es de Eddy van Gelder Videoproduktion.