plásticos con cremallera

¿Quo Vadis Europa? Si te refieres a qué estamos haciendo en Afganistán, reconozco que me he perdido. El presidente Karzai, nuestro protegido, acaba de ganas una elecciones con la ONU acusándolo de fraude; Angela Merkel va a ganar las suyas, con dos de cada tres alemanes en contra de tener soldados alemanes en Agfanistán.

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La presidencia sueca de la Unión Europea se queja de la misión de la OTAN contra los talibanes, porque Occidente está en Afganistán para reconstruir el país y no para que nuestros aviones maten mujeres y niños. Aparte de las declaraciones oficiales, más o menos atinadas, a nadie parece importarle mucho que eso ocurra. Segura de tener en el bolsillo su reelección a finales de mes, la cancillera declara muy segura que los soldados alemanes no se irán de Afganistán hasta 2014. Incluso entonces, el síndrome afgano todavía será un problema por resolver. Entretanto, los talibanes seguirán enviándonos a casa bolsas de plástico negras con cremallera.

funeral

Morir en Afganistán

Este fin de semana (el viernes), un avión de la US Force bombardeaba a la población civil en Kunduz y mataba al menos 125 afganos que nada tenían que ver con la insurgencia talibán. Los aviones de la Alianza lanzaban sus bombas porque el coronel Georg Kein (alemán) había pedido que lo hiciera porque, dijo luego, los talibanes habían robado un camión cisterna y había que neutralizarlos.

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El coronel alemán George Klein ordenó el bombardeo de la OTAN que mató a 125 civiles.

La revelación ha sembrado el desconcierto en las filas aliadas, pero deja imperturbable al electorado alemán. “No estamos en Afganistán para matar afganos, ha dicho la Unión Europea, sino para ayudarles a reconstruir el país”.

España tiene también en Afganistán un millar largo de tropas de élite. Los españoles se han negado de acudir a combatir talibanes, cuando se lo ha pedido la OTAN, y han preferido quedarse en la retaguardia. Pero la opinión pública en España tampoco entiende muy bien qué estamos haciendo allí que no pudiéramos hacer en Iraq, donde Zapatero decidió retirarse nada más llegar al poder para escándalo de la Administración norteamericana, que nunca se lo perdonó.

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Sodados de élite del Bundeswehr, el ejército alemán, patrullando en Afganistán.

Nada se nos había perdido en Iraq y tampoco se nos ha perdido nada en Afganistán, donde no nos jugamos el futuro de la civilización occidental por mucho que intentara George W. Bush hacérnoslo creer. El síndrome afgano aceleró la descomposición de la Unión Soviética, que no pudo doblegar a los mujahaidines. Ni Estados Unidos ni la OTAn podrán tampoco con los talibales. Y nos estamos olvidando de Bin Laden, que se les escapó delante de sus narices… si es que de verdad estaba allí cuando Bush ordenó la invasión.

El síndrome afgano solo puede complicarnos la vida, sin arreglársela a los afganos. Merkel, que se la juega en un par de semanas, no pierde el sueño: sus rivales políticos en las urnas, compañeros de viaje en la gran coalición del gobierno que lidera, no podrán esta vez tirar la primera piedra. Ellos fueron los primeros en pringarse cuando los soldados de élite del Bundeswehr llegaron a Afganistán en supuesta solidaridad con el pueblo afgano.

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