archivo | julio, 2009

(des)memoria histórica

franco_timeNací bajo el franquismo y en la escuela no me enseñaron lo que era la democracia: para un adolescente, vivir en una dictadura significaba entonces salir al extranjero y que te miraran como un apestado las chicas que más me gustaban, porque eras español, ergo… ¡franquista!

Así me enteré siendo un chaval (pero en el extranjero) que ser comunista, o socialista, no significaba tener rabo y cuernos, perilla y capa de satén rojo. Luego, ya estudiante de periodismo, se nos murió el dictador en la cama, y haciendo yo prácticas en el ‘Diario de Barcelona’ con Margarita Rivière en el suplemento dominical, otro loco y yo (el otro loco era José-María Brunet, hoy corresponsal de ‘La Vanguardia’ en el Congreso) nos fuímos a París con mi Seat 127 un fin de semana a entrevistar al líder del PCE, Santiago Carrillo: Satanás en personas para los franquistas. Eso ocurría antes de que Carrillo volviera clandestinamente a España disfrazado y con peluca. Sigue leyendo

la historia no me absolverá

 

Reconozco que me siento culpable. Si este hombre llega a ser presidente de México, la Historia no me absolverá. Cuando Televisa contrató a nuestra agencia de corresponsales para cubrir la visita del gobernador Peña Nieto a Turquía, yo estaba poniendo claramente en peligro mi independencia profesional.

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ciorán con matices

Lo de… Era hijo de un pope ortodoxo rumano, y acabó haciéndose ateo. >> No me parece tan evidente así, me escribe Rodrigo Inácio.

“No es fácil hablar de Dios cuando no se es ni creyente ni ateo; ese es sin duda el drama de todos nosotros, incluyendo a los teólogos: el de no poder ser ni lo uno ni lo otro.” (Cioran, El inconveniente de haber nacido)

Tiene razón, Rodrigo. En el fondo, no era tan evidente… y yo lo expresaba mal; aunque, intelectualmente, Cioran siempre luchó por ser lo que tal vez nunca pudo llegar a ser de corazón: un ateo convencido. Lo acabo de matizar así en una nueva versión del post.