obama

¿Le compraría usted un coche a este hombre? Es la retórica pregunta que planteaba “The Economist” en septiembre de 1998 a sus lectores. Pero entonces la portada la ocupaba un alemán, candidato a la cancillería. El socialdemóctrata Gerhard Schröder, para dolor de nuestros agudos colegas del semanario neoliberal británico, le arrebató el poder en esas elecciones al democristiano Helmut (Josef Michael) Kohl, que llevaba 16 años sentado en la poltrona. Ahora “The Economist”, hastiado de la falta de liderazgo mundial de George W. Bush, grita a los cuatro vientos que ya toca, que es hora de cambiar de aires.

Obama tiene todas las papeletas para ganar, si no se las roban como a Gore, hace ocho años. Es decir, que estamos a punto de asistir a un momento histórico, como tanto nos gusta decir a los periodistas. Así se lo escuché decir anoche a un ‘colegui’, en directo:

Por primera vez en la historia, un político negro y bien educado será el próximo inquilino de la Casa Blanca.

Yo me voy a alegrar: no porque sea negro y educado, sino por todo lo que Obama representa. En primer lugar, se haría justicia con los demócratas, que ganaron por más de 200.000 votos en el año 2000 y que habrían estado gobernando estas dos décadas si Al Gore, tan blando él, hubiera seguido contando ‘butterfly ballots’ en Florida. No me gusta hacer política-ficción, pero me imagino mal una ‘foto de las Azores’ con Gore y Aznar. Obama ha aparecido por Florida, donde los jubilados blancos lo quieren un poco menos, con los Clinton: es todo un signo de que las cosas deben ir pero que muy bien para el senador de Illinois.

Estados Unidos vive uno de los momentos más bajos de su historia después los dos mandatos del hijo de Bush, bajo la sombra de los amigos (y de los negocios) del padre de Bush. MacCain es un buen chaval (?), pero ‘América’ necesita curarse las heridas de la ‘saga tejana’ de estos GB: dos guerras estúpidas, que han dejado vacía la caja, y pérdida de liderazgo y de influencia en el mundo. Los norteamericanos quieren alguien que les gobierne y les saque de la crisis después de los últimos cuatro años regidos por un ‘pato cojo’ (no es un insulto, que decir eso es políticamente correcto allí). Porque desde que fue reelegido, Bush ha sido un cadáver político.

Dicen las encuestan y las ‘exit polls’, que la mayoría de los norteamericanos que han votado parece que prefieren a Obama. ¿Por Obama o contra MacCain? Porque Obama, es verdad, no acababa de cuajar. A pesar del tipazo, del ‘glamour’ todos hemos visto de qué pie cojeba Obama. Tranquilos. ¡No hay nada como el poder para dar carisma! Ya verán cuando se le temple más la voz y sea ‘Mr. Presidente of the United States’. Esperando ese momento, parece que la participación será mucho más importante de lo normal, y eso favorecería a los demócratas. Aunque está por ver si los jóvenes acuden masivamente a las urnas, lo que daría una mayoría aplastante a Barack Obama.

MacCain y Obama se han hecho su autorretrato: el primero se ve como un ‘experienced warrior’, el segundo como un ‘cerebral advocate of pacient diplomatie’. No está mal. A ver lo que hacen luego. Yo no soy ‘Le Monde’ ni el ‘NYT’, pero también me puedo permitir en estos tiempos de democracia electrónica, hacer mi apuesta, ‘my choice’ en favor de uno o de otro. Me gustaría hacerlo como ‘The Economist’: con ironía, aunque sin retórica. Pero antes tengo que repasarme, con ustedes si quieren, lo que nos ofrece uno y otro.

Empiezo por la economía, que parece lo más prioritario ahora. Estados Unidos (y todos nosotros detrás) sufre las consecuencias de varias décadas de políticas económicas demasiado centradas en la reducción de impuestos, en el ‘hands off’ de la Administración de los destinos del sistema financiero, en la desregularización. Todos esos males ni son diagnosticados por el candidato republicano ni le vemos con intención de atajar sus consecuencias: MacCain lo único que ofrece, como remedio al derrumbe económico, es seguir reduciendo impuestos. Desde luego, como siga bajando el crecimiento, habrá desde luego muchos menos impuestos que recaudar. Obama lo ve de otra forma, tal vez más keynesiano incluso a la hora de planetar el gasto público. El líder demócrata quiere reformar el sistema de impuestos para hacerlo más justo y que paguen más (de lo que pagaban con Bush) lo que más tienen. Las clases medias serían las grandes beneficiadas.

¿Que harían uno y otro con Iraq y Afganistán? El único que habla de un plan para irse de Iraq, aunque no sea inmeditamente, nada más ganar las elecciones como hizo Zapatero, es Obama. Pero ninguno de los dos cerraría el capítulo afgano sin terminar antes con el problema talibán: o sea, que tenemos Afganistán para rato: eso a los españoles nos afecta por nuestros compromisos en la OTAN. ¿Qué harán en Irán: niunguno acepta que Teherán siga con su programa nuclear, pero no está claro qué proponen. O sea, que ahí: a esperarse cualquier cosa. Para terminar, ahora viene lo bueno y vamos a hacer un esfuerzo para creérnoslo: tanto Obama como MacCain dicen que van a cerrar Guantánamo. A ver qué se inventan luego.

Estados Unidos, tradicionalmente una sociedad abierta y tolerante, aunque violenta desde los tiempos del ‘far west’, está en crisis. Tras los ataques terroristas del 11/9 (qué curioso juego de espejos con otra fecha histórica que se acerca: el 9/11), el balance de su enroque autista no es positivo ni para los neocons:(con=idiota, en francés: pura coincidencia, querido Watson). Los norteamericanos tienen que encontrar una referencia para superar su crisis de identidad y de liderazgo. En Europa los queremos y los necesitamos. Aunque nos separen tantas cosas, nos interesa estar con ellos: juntos, que no revueltos.

Dicho todo lo cual, y llegados hasta aquí: ¿me escucha alguien? Pues para que nuestros amigos norteamericanos recuperen sus señas de identidad, y no corramos más zozobras innecesarios por la arrogancia y el unilateralismo: hay que desear que gane Obama.

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